may 13, 2014 | Post by: Surrealitybytes 14 comentarios

Las putas verdades de la traducción

Después de más de un año sin actualizar, solo tengo una pregunta para vosotros. Sí, sí, no miréis para otro lado: os hablo a vosotros. ¿Se puede saber qué os pasa? De un tiempo a esta parte, he asistido atónita y algo aburrida a una especie de mezcla entre batalla campal, paranoia colectiva, conspiración silenciosa y trifulca de guardería entre algunos de vosotros. ¿Desde cuándo algo tan serio como un oficio digno y respetable ha perdido el interés frente a esto? Todavía no tengo muy claro con qué fin se ha de buscar un círculo de gente que apenas te conoce verdaderamente para que te reafirme en todo, incluso cuando, seguramente, tendrías dos o tres cosas sobre las que reflexionar en la soledad de tu cuarto. No por la imagen que das o el mensaje que transmites: por tu propia salud mental. Sobre las cosas que duelen, las que haces mal, te hará pensar muy poca gente. No la busques en los lugares equivocados, porque socializar en internet no era esto. No lo era. Por las mismas, debatir no ha consistido nunca en escupir comentarios sarcásticos para hacer risa de cómo está la cosa, cuando podríamos aprovechar nuestro preciadísimo tiempo en discutir sobre asuntos relevantes y sustanciosos de verdad. Es más: hemos conseguido que ser irónico se entienda siempre como ser cínico. La paranoia ya no nos deja ni bromear sin que se nos malinterprete. Ya basta de dar lecciones a quien no las quiere. Los que sean mayorcitos, se encontrarán solos con el muro y ya decidirán si se dan de morros contra él o no. A mí, entre todos, conseguisteis bien rápido quitarme las ganas de debatir con vosotros, con todos, de cualquier cosa. Hace un tiempo dije que no entiendo de bandos y en esas sigo, pero parece que da igual. Arrímate a este árbol dos segundos y seréis inseparables a ojos del sauce de enfrente. ¿Ves eso que se aleja en el horizonte? Es tu sentido común. Lo recuperarás cuando mires a la cara a esa persona y seas incapaz de negarle el saludo. ¿De verdad merece la pena?

A mí la concordia me da igual, pero ser amable está infravalorado. Seamos unos hijos de nuestra madre agradables: es posible. Hagamos críticas con fundamento, preferiblemente a quien tenga la madurez necesaria para encajarlas o todavía esté en edad de aprender a hacerlo. Que el objetivo sea enseñar algo y no tocar los cojones, hablando pronto y mal. A mí me gusta que me incomoden si eso me va a abrir los ojos ante algo, pero me parece que no he aprendido a hacerlo con los demás sin ser un poco hiriente. Así que no lo hago, y eso me preocupa. El que calla otorga, ¿no? A ver de quién aprendo sobre incorrección política bien llevada, sin entrar en lo personal o sin dejarme llevar por la crispación que flota en el ambiente. Al final, acabaremos acostumbrados a que nadie nos diga nada que nos resulte inconveniente, encerrados en nuestro palacio de cristal, con un séquito gritando bajo nuestro balcón que es todo pura envidia, odio, aburrimiento. La otra opción parece ser aceptar de buen grado que te sometan a un fustigamiento verbal ridículo en pos de «progresar», como si los que nos preocupamos por nuestro trabajo profundamente no tuviéramos suficiente con lo que nos exigimos a diario a nosotros mismos, muchas veces dejándonos la salud y hasta las ganas. Y es que ahí está el tema: lo inteligente es ser exigente con uno mismo. Tenemos que recordarnos los unos a los otros cómo conseguirlo de la mejor forma posible, en vez de ponernos en ese lugar que creo que no nos corresponde. Explícame cómo ser mi propio maestro y lo habrás hecho todo bien.

Vivimos en una sociedad con una percepción del individualismo y el colectivismo que está patas arriba. El «piensa por ti mismo» se convierte en «piensa solo en ti mismo»; el «busca el apoyo en los demás» en «busca que los demás te apoyen siempre». Crónica de un desastre anunciado. Mi generación ha crecido bombardeada por dos conceptos absolutamente contradictorios que, aunque no la excusan, explican gran parte de todo esto. «Triunfa antes de entender siquiera qué significa el éxito para ti. Haz todo lo que puedas cuanto antes. Llega lejos. Sé el primero y el más joven. Crece rápido profesionalmente». Mientras, cada mediodía, un grupo de amigos veinteañeros hacen acto de presencia en tu televisión. Están confusos, perdidos y tienen miedo del futuro. Les aterra. No saben mantener relaciones duraderas y se exigen poco en lo personal porque «todavía son demasiado jóvenes para pensar en las consecuencias». Así que buscamos que personas sin ninguna madurez emocional se exijan la excelencia en el resto de aspectos de su vida y, para que la alcancen, les damos una dosis demasiado alta de patadas o de palmaditas en la espalda. Fantástico. Desde que era muy pequeña y hasta hace no demasiado, siempre me había sentido bastante sola en este aspecto. A mí me emocionaba crecer —y lo sigue haciendo— por el simple hecho de hacerme más mayor. No me daba miedo ser más responsable o tener más ojeras. No me preocupaba perder por fuera para ganar por dentro. Sin embargo, se nos anima a lo contrario desde tantos frentes que os aseguro que es imposible no sentir esa presión alguna vez. Para no sucumbir a ella, hacen falta algo más que actitudes panfletarias y consejos en 140 caracteres.

Durante estos meses, he intentado dejarme el cerebro cada día en entender qué está ocurriendo en el mundo e invertir parte del tiempo que pasaba en las redes en acercarme a mi parque de confianza a leer, observar y escuchar. Lo cierto es que me he quitado un peso tremendo de encima. La verdadera pena es que, por aquí, entre estos bytes surrealistas, aprendí muchas cosas interesantes. Vi ejemplos de lo que hacer y lo que no. No me hizo falta la guía de un grupo hermético de eruditos y sapientes compañeros. Me senté ante esta misma pantalla, escribí lo que me apetecía escribir y os observé con mucha curiosidad. A algunos con admiración, a otros con estupor y a los pocos que quedaban con todo el sentido del humor que le puedo aplicar a las cosas que no comparto o que no entiendo. Pero siempre intenté hacer mi camino. Seguro que dije estupideces y sigo aprendiendo a aceptarlo para no volver a equivocarme, todo esto sin que nadie me haya puesto la cara en mi propia mierda.

¿Queréis saber las putas verdades de la traducción? Pues no existen. A menudo, me siento delante del ordenador y me pregunto cuándo empezamos a necesitar listas, instrucciones y manuales breves para todo; cuándo empezamos a meter el dedo acusador en el ojo del compañero de enfrente, en vez de hacer algo que le inspire verdaderamente a plantearse si debe cambiar. No hace falta hacer que los demás se sientan despreciados para que piensen: al contrario, es la mejor forma de conseguir que se enroquen en la actitud opuesta. Supongo que escribir algo inteligente y cautivador, a la vez que crítico e incómodo, no es una tarea fácil. Yo no sé hacerlo, pero me gustaría que alguien me enseñara. Me gustaría que, al mirar hacia cualquier dirección, pudiera encontrar a alguien a quien admirar por lo que dice y no por lo que pone en el escaparate. Me gustaría que internet volviera a resultarme tan emocionante como hace diez años.

Estoy cansada de leer cosas sobre esto, de escribirlas, de volver a ellas meses después. Agotada. No quiero volver a hacerlo nunca más. Odio perder el tiempo pensando siquiera en esto, pero aquí me tenéis, a pesar de todo. Así que solo os pido una cosa. Una y no más: que penséis lo que penséis, hagáis por no quitarle esa ilusión que un día sentí a los que vienen detrás. Para eso no hace falta montarles en una nube de algodón y decirles que todo será maravilloso. No hace falta que os matéis por «la imagen que se está dando». Hace falta que nos contéis, como solo vosotros sabéis, cosas fascinantes. Que nos transmitáis lo positivo de esta profesión sin personalizarlo absolutamente siempre en vuestros propios triunfos, aunque podáis compartir vuestra alegría por ellos siempre que os apetezca de una forma, digamos, algo menos afectada y teatral. Me gustaría leer más cosas como esta y poder seguir con mi día, satisfecha. Quizás nunca hubo tantas como pensaba. O igual es cosa de estas tres canas nuevas que tengo en la cabeza.

Foto: Graceless

14 Comments to Las putas verdades de la traducción

  1. Javier F.
    13 mayo, 2014 17:45

    Hola, Nieves:

    Sabes que no soy mucho de comentar en los blogs, pero es que tu entrada lo merece. Aunque tenga que haber sido con una entrada así, me alegro de que hayas vuelto a escribir. Echaba de menos leerte en tu espacio.

    De esta película no me sé ni la misa la media (aunque algo sé), pero por desgracia creo es extrapolable a otros ámbitos de nuestro día a día. A saber, los bandos, el «estás conmigo o estás contra mí», el miedo a debatir las cosas no sea que nos convenzan de que estamos equivocados y todas esa mierdas.

    Una de las primeras lecciones de la vida que tenemos que aprender a fuego es la de que es imposible caerle bien a todo el mundo. Así que cuanto antes desistamos, mejor. Hay demasiados factores en juego. Al final, lo único que podemos hacer es ser fieles a nosotros mismos intentando no hacer daño a los demás en el camino, aunque a veces nos ocurran cosas que nos hagan preguntarnos si en el fondo no estamos haciendo el pardillo.

    Para colmo, en la red es mucho más fácil que se polarice todo. Y claro…

    Y sin embargo, ¿sabes qué es lo que me jode? Que por unas cosas y otras en los últimos tiempos se ha ido distanciado de las redes gente a la que valoro. Ya no puedo ver lo que compartía con toda su buena voluntad fulanita, no sea acusada de tradubot, o esos cometarios tan gracioso de menganito.
    Ha habido una temporada en la que solo había ruido. O mejor dicho, mierda. Porque lo podríamos llamar el ciclo de la mierda. Y la gente sensata al final opta por salirse. Recaen porque somos sociales, pero al final vuelven a ver que el ciclo está ahí y cada vez los regresos se dilatan más. Y a mí eso me da pena.

    En fin, no tengo mucho más que añadir porque creo que lo has dicho prácticamente todo tú ya.

    Espero ver más entradas tuyas. :)

    Un abrazo,

    Javi

  2. Javier
    13 mayo, 2014 18:26

    Querida hermana: STANDING OVATION. Creo que voy a guardar muchos años esta entrada en mis marcadores con el único objetivo de poder abofetear, con la gracilidad de un guante, a todo idólatra de esta nueva cultura de la socialización binaria y el gregario digital.

    No quiero añadir más, y mucho menos hacerlo en un contexto, el de tu profesión, que me es (leyendo diría que afortunadamente) totalmente desconocido. Sólo quiero unirme a tu hastío, a tu hartazgo con esta nueva manera de socializar, de idealizar estas “conexiones” personales y laborales (entrecomillo porque esta por ver que ese hecho realmente se produzca). En algún momento del camino todo el mundo parece haber olvidado algo evidente: en 140 caracteres, salvo Basho y dos más, casi todo el mundo somos GILIPOLLAS.

  3. Devadip Rivero
    13 mayo, 2014 18:49

    Hola:

    Gracias por lanzarte a la piscina sin agua, pero con fango (y no poco). Hablar de esto es difícil porque, por mucho que no nos importe el qué dirán, ese señor Qué Dirán merodea nuestras cabezas de vez en cuando. Además, y aunque suene oportunista, te has adelantado a mi jugada. Iba a publicar algo parecido sobre lo fácil que es hablar desde el teclado de tu ordenador en tu casa o lo «diver» y «chupi» que es machacar a golpes a otros no presentes. ¿Y sin conocerlo? Toma, más diver y chupi si cabía.
    Dices que no quieres volver a hablar de esto por lo que puede que un comentario extenso no te haga mucha gracia. Me arriesgo y allá va.

    De todas las denominaciones que das al principio, la de «trifulca de guardería» es la más acertada, ¿no? Porque cuando el comportamiento es como el de los niños en el colegio, ¿qué mejor que una guardería? Es cierto que ni deberíamos hablar de esto, ya que no predicamos con el ejemplo. No sé. En realidad, se nos puede acusar de lo mismo que comentas en la entrada (o en parte) por habernos lanzado a escribir, o a escupir como tú dices, aquí de esta manera. Es más, estoy seguro de que muchos pensarán: «Jovenzuelos estos, ¿quiénes se creen?».
    Nadie, yo no me creo nadie. Supongo que tú tampoco te lo crees. Una apasionada de tu trabajo según lo que cuentas, pero vamos que no te voy a prejuzgar sin conocerte. Dejo ese trabajo para otros. Algo así me creo yo. Uno al que le encantan las letras, pasarlas de un idioma a otro y las curiosidades del español. Aprender cada día cosas del español, del alemán o de la vida en general, que, oye, se puede y existe eso de la «vida en general.» Cuesta verla, pero como decían en el previo a Mulder y Scully, «está ahí fuera». También es verdad que hay de todo en la viña del señor y mira, traductores hay a patadas, pues las mismas patadas se pueden contabilizar en opulencia, aparentar, opinar, criticar, agredir verbalmente, acosar; y en cosas buenas (o buenas para quien así las ve): compañerismo, crear una buena relación, criticar constructivamente, aceptar críticas de buen grado porque sabes que quien te lo dice lo hace de buena fe, etc. Los caminos están ahí, cojan el que quieran.

    Lo que nos compete
    ¿Por qué es tan sencillo criticar cualquier comentario en una red social y no ver las cosas buenas que esa misma persona haya podido decir en otros muchos comentarios o diferentes entradas de blog? ¿Por qué existe esa paranoia colectiva que comentas?
    Ser humano, pero no junto «ser humano», sino separado eso es «de ser humanos». Claro que la humanidad podría ser mejor si, como tú dices, fuésemos buenos hijos de nuestra madre agradables. Eso sí, buenrollismo gratuito chupiguay exacerbado tampoco. El famoso término medio, al que es muy difícil llegar, estaría bien. Como he escrito por ahí en otras entradas similares (se me ocurre una de Pablo Muñoz, por ej.), ay, si trabajásemos en El Corte Inglés de la traducción. Todos juntos, planta por planta, y vendiendo, vendiendo. Esas cenas de empresa a las que no darían ganas de ir porque odiarías a 100 de 102. Pero como nos vemos de San Juan a Corpus todo es más llevadero. Te veo, somos chupiguays, y ya se verá luego si te clavo puñales en el bajo vientre o si me interesa más que sigamos siendo chupiguays.
    Hablar y tuitear es gratis. Esto lo digo todos los días. Y muchos lo dirán, pero ¿cuántos lo recapacitan con la almohada un buen ratito, como lo has descrito tú? Yo fallo, tú fallas, él se equivoca, ella la caga. Pues venga, ¿lo resolvemos o nos tiramos piedras a la cabeza? Criticar, ñam, ¡qué rico!

    Putas verdades indiscutibles (o no opinables) no hay. Pero sí creo que hay ciertas cosas que se van a repetir seas Nieves o XY, ¿no? Y no me parece mal que se trate de aconsejar o recomendar a los que vienen por detrás o incluso a compañeros que te pregunten o que no te pregunten. Un «Oye, que he visto que has publicado tal cosa, ¿no crees que sería mejor esto o lo otro?» o un «Pongan la coma, por favor. No pongan mayúsculas innecesarias.» no está mal. O será que digo que no está mal porque eso es lo que hago. :$ Quizá no te he entendido muy bien, pero vamos, que sí creo que algunas verdades hay.

    La opinión es mucho más larga, pero no es cuestión de hacer esto interminable.

    ¡Gracias por el riesgo y por traducir lo que sucede en la sociedad traducto¿lógica?!

  4. Rai Rizo
    13 mayo, 2014 19:08

    Ya era hora de que alguien pusiera cordura en todo este asunto que, por cierto, se nos ha ido de las manos. Había llegado a barruntar remotamente una entrada de estas características, pero el propio hastío y la falta de expectativas me echaban para atrás. Gracias, muchísimas gracias por ser, probablemente, una de las personas más indicadas para dar este paso.

    Me identifico con todo lo que cuentas: la mala leche del personal, el exceso de fantasmas y de humo, la egolatría que se viene venir desde lejos, el «qué bueno soy y qué culito tengo», y tantísimas actitudes que me hacen cerrar la persiana desde primeras horas de la mañana. Paso y procuro desmarcarme para mantener mi salud mental de una sola pieza. Esto se ha convertido en un mercadeo de posturas e imposturas. Ya no sé quién hay detrás de tantos y tantos perfiles, si una persona, dos, un ser unicelular o un simio entrenado.

    Se nos ha ido de las manos. La estulticia ha inundado las redes y creo que se puede hacer bien poco por evitarlo, excepto desaparecer y no formar parte de este circo. Aun así, también pongo mi grito en el cielo por no desentonar con la fuerza y razón de tu entrada. Pero ya no es una cuestión específica de nuestro sector, sino de la sociedad en conjunto, que se ha dejado llevar por una corriente de superficialidad y ñoñería desesperantes.

    Antes es verdad que había algo que contar en las redes, escuchar era más productivo, leer podía ser incluso aleccionador. Poquito ya queda de eso, excepto entradas como esta, que incitan al debate y a la reflexión. No sé en qué punto del camino perdimos el norte, pero sigo creyendo en el trabajo bien hecho y en la gente que va de frente sin ningún tipo de disfraz. ¿En qué punto nos creímos tan especiales como para solo hablar de nosotros mismos y de nuestras proezas como caballeros andantes? Traducimos y tratamos de vivir dignamente de ello. Poco más. El resto es literatura barata y octavillas lanzadas desde un avión.

    Gracias, Nieves, una vez más. No necesitamos contar nuestras hazañas, jactarnos de ellas, sacar pecho y clavar estandartes para marcar el territorio, sino ser más empáticos, simplemente. Quizá pida demasiado…

  5. Juan Yborra
    13 mayo, 2014 19:41

    Una entrada valiente, sincera y sin pelos en la lengua. Algo poco frecuente hoy en día. Quiero darte las gracias por ese valor. No serán pocos los que se paren a pensar (aunque sea durante unos segundos) tras leerla. Y nada más que por haber conseguido eso ya te mereces la enhorabuena.

    Saludos,

    Juan

  6. Darío
    13 mayo, 2014 19:50

    Pues mira, Nieves: un servidor, para variar, no se ha enterado de nada de todo eso que insinúas —más que cuentas— en tu artículo. Pero me ha parecido que está muy bien escrito y, aunque me que quedado con la sensación de no haber entendido muchas de las referencias, me ha gustado leerlo. No tardes otro año en escribir, eh, mujer…

  7. Marie-Claire
    13 mayo, 2014 23:35

    Hola, Nieves: me sumo a la lista de los agradecidos por esta entrada, aunque, igual que Darío, no entiendo todo lo que relatas ya que me falta un pedazo de contexto. Sin embargo me ha parecido que hablabas desde las profundidades y eso me ha tocado la fibra sentimental.

    Estoy de acuerdo con casi todo lo que comentas, pero no es cuestión ahora de desmenuzarlo. Solo me gustaría reafirmar una cosa: es cierto que nuestro mundo traducto¿lógico? (como bien dice Devadip) es cada vez más superficial y egoísta y que, por lo visto, lo que se lleva y lo que más importa es destacar por todos los medios (y en todos los medios) sin medir ni las consecuencias propias ni las ajenas. En la mayoría de las ocasiones no medimos nuestras palabras – me incluyo, claro que sí, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra – , nos da igual si suenan huecas con tal de destacar, lo importante es llenar el vacío dentro de nosotros. Se nos olvidó ser atrevidos, nos hemos convertido en cobardes; se nos olvidó protestar porque se olvidaron de estimularnos la reflexión propia; ya no nos enseñan a interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor (da igual lo que le pase al vecino mientras que no me pase a mí); nos olvidamos de dejar que fluya nuestra creatividad y nuestro ingenio para compartir tales riquezas; nos hemos cortado las alas porque es más fácil o cómodo hacer nada. Pero, de nada no viene nada. El que no siembra no recoge, ¿verdad?

    ¿Dónde están los padrinos que velaban sobre sus pupilos? ¿Dónde están los rebeldes de antaño, los que se atrevían a dar sus propias opiniones fundadas en profundas reflexiones? ¿Dónde están los que con paciencia y amor transmitían lo que ellos habían aprendido? ¿Dónde están las historias que nos animaban a seguir caminos tortuosos para poder llegar a una meta soñada? Todos tenemos mucho que decir pero pocos se atreven. Todos tenemos una misión que cumplir en esta vida pero pocos saben qué misión les tocó cumplir.

    Quizás yo no sea la más adecuada para comentar por aquí, quizás suene cursi lo que digo, quizás no me sepa explicar muy bien aún. Soy “ante-novata” en este mundillo, pero sé muy bien que algún día me gustaría ser como ustedes: llenos de experiencias y sabidurías sobre este mundo apasionado de las letras y con la suficiente humildad y responsabilidad para compartir conocimientos con los que vienen detrás de mí.

    ¡Por favor, no perdáis la ilusión! Necesitamos de ustedes para aprender a ser buenos profesionales. ¡Gracias! Gracias a todos los que hacéis posible el crecimiento de muchos a través de las palabras. ?

  8. Pablo Muñoz Sánchez
    14 mayo, 2014 10:13

    Gracias por esta entrada, Nieves.

    Yo antes de terminar la carrera tenía respeto a mis “mayores”. Y lo sigo teniendo, al igual que les tengo respeto a los que vienen por detrás. Rivalidades siempre habrá como en cualquier sector, pero otra cosa es que se nos vaya de las manos como creo que ha pasado, porque cuando se llega a lo personal, se puede hacer daño, incluso sin saberlo. Hemos pasado del debate y la reflexión con buenas formas al desprecio sin conocer a los demás, y encima muchas veces con indirectas muy directas.

    Yo fui el primero que apoyaba eso de estar en las redes, y mientras todo iba bien, la verdad es que lo disfruté, porque conocí a mucha gente interesante. Pero desde hace un año o por ahí uso las redes lo justo, y más bien para el ámbito profesional. Ahora prefiero ser ignorante en el sentido de que ojos que no ven, corazón que no siente. Y así me centro más en lo que me importa de verdad.

    Un saludo,

    Pablo

  9. Arturo Durán
    14 mayo, 2014 10:31

    Hay que ser muy valiente para romper las “reglas” no escritas, Nieves. Y tú lo has hecho.

    Estoy de acuerdo contigo en prácticamente todo, y me tomo la libertad de decir cuál es mi arma secreta.

    Es sencilla de encontrar, y gratuita.

    Consiste en saber que quien siembra, recoge -guau, acabo de descubrir América-. Y que puede que recoja por “karma”, “destino”, “justicia divina” o similares, pero no sólo por eso. El gran problema de quien siembra lo malo es que antes o después recoge lo malo, porque al final cae en su propia trampa; el mal compañero, el mentiroso, el que sobrevive pisando a otros, al final queda en evidencia. Y entonces se queda sin gran parte del trabajo que hasta ese momento había tenido sin merecer nunca.

    Sin embargo, el que siembra la calidad, el trato correcto al cliente, la competencia justa con sus compañeros, recoge lo contrario.

    No hay nada más poderoso que irse a la cama todos los días y hablar con uno mismo, en la soledad de esos 5-10 minutos en los que nos disponemos a conciliar el sueño.

    Enhorabuena, Nieves, por seguir teniendo sentido común.

  10. Cristina Río López
    14 mayo, 2014 14:15

    Cordura como la tuya, y menos películas sobre Estupideces Egocéntricas en Superchupipijolandia, es lo que hace falta, Nieves.

    Si te sirve de algo, algunos hemos llegado a pensar incluso en dejar la profesión por motivos como los que describes, entre otros. Ya cansa tanto machacar, de verdad; tanta barrabasada y tanto salirnos de madre. Que a veces uno llega a sentirse un pararrayos y, lo que es peor, por razones que se le escapan.

    Un abrazo solidario.

  11. Olli
    14 mayo, 2014 14:35

    Hola Neus:

    Una magnífica aportación y es un placer poder volver a leerte después de tanto tiempo (cof, cof, queremos más entradas, cof, cof :D).

    Dicho lo anterior, si bien creo que has retratado de forma excelente la situación que tenemos ahora mismo en la intersección entre profesión y redes sociales, creo que es muy importante tener en cuenta las causas por las que llegamos a esta situación.

    En mi opinión, todo comienza con la proliferación de blogs y saraos de traducción hace unos tres, cuatro años. En su momento, fue un fenómeno muy positivo del que mucho formamos parte. Creo que entre todos contribuimos a crear una comunidad de la que nos hemos beneficiado mediante el intercambio de ideas y conocimiento. Todos, insisto, hemos mejorado como profesionales gracias a las aportaciones de otros, estuviéramos de acuerdo con ellas o no.

    En esta comunidad, comenzó a hincharse una burbuja en el momento en que entramos en una fase de profesionalización. Es una palabra interesante, porque denota dos realidades: por un lado, una fase de ¿madurez? entre los miembros de la comunidad. Por otro, el interés de unos pocos en obtener beneficio (económico, en términos de visibilidad o de satisfacción del ego). Esto último es lícito, por supuesto, pero no a costa del esfuerzo gratuito de muchas personas, que han dedicado gran parte de su tiempo a ayudar a los que les rodeaban.

    Con la profesionalización, entramos en el crecimiento desbocado de la burbuja, en una fase en la que se confunde la visibilidad con la profesionalidad, la exposición con la importancia, el emprendimiento con el esclavismo, el positivismo con la falta de criterio, y así sucesivamente hasta llegar a un momento en el que el sentido crítico ha brillado por su ausencia. Donde, como muy bien has apuntado, el número de “likes” era lo que más importaba. Y eso, inevitablemente, nos ha llevado al hartazgo, incluso al asco, y, por supuesto, al estallido de esta pompa de jabón.

    Todos los que hemos participado en este fenómeno tenemos parte de responsabilidad en lo sucedido. Los “listos”, por aprovecharse de un fenómeno que era, ante todo, altruista. El resto, por no señalar al emperador y gritar que estaba desnudo y que lo que nos vendían algunos solo era humo usado de más de veinte años de antigüedad. Aquí me gustaría enlazar con lo que comentabas con la falta de madurez. Que los estudiantes y recién licenciados estén más verdes es lógico, aunque no por ello menos preocupante. Lo que sí resulta fascinante es cla forma en que algunos profesionales con un largo recorrido se han visto fascinados por todo esto, sin oírles nunca un mísero “pero” sobre lo que estaba sucediendo. Los mismos profesionales que ahora abjuran de sus días de seguidismo con la fe del nuevo converso.

    ¿Y qué nos queda para el futuro? Sinceramente, tengo pocas esperanzas de que una comunidad tan activa y vibrante como la que hemos tenido pueda recuperarse sin que quienes intenten llevar a cabo tal esfuerzo no sean acusados de interesados o incluso de bobos. El tiempo nos dirá dónde terminará todo esto.

  12. Hastío
    20 mayo, 2014 20:22

    Uno puede escribir uno o cientos de blogs sobre lo que quiera, repetir temas hasta la saciedad si le parece o ponerse Hello Kitty de foto en el CV. Si te vale para cumplir tus objetivos (conseguir encargos, visibilidad, ligar o simplemente pasar el rato), pues bien por ti. Habrá quienes piensen que no te servirá de nada, otras personas te aplaudirán con sinceridad y otras te reirán la gracia y te criticarán impunemente sin que tú lo sepas.

    Hace diez años, ser traductor implicaba trabajar desde tu casa y si acaso comunicarte con otros a través del correo. Hoy todo eso ha cambiado y podemos relacionarnos entre nosotros con mayor facilidad. Lo que conlleva que tarde o temprano aparezcan roces, rivalidades, envidias, etc. Y más cuando se juntan tantos egos y, en el fondo, somos competencia. Estamos pagando la novatada de salir de la cueva. Y muchísima gente ha pecado de ingenua o la falta de experiencia ha pasado factura.

    Tarde o temprano tenía que aparecer el fenómeno “yanotajunto” cibernético. Y es que a pesar de quejarnos de tanto autobombo, somos víctimas del buenrollismo y el interés igualmente.

    No hay más que darse una vuelta por Twitter o estudiar los últimos acontecimientos para ver que hay muchísima gente tóxica que se dedica a despotricar con mayor o menor sutileza contra aquellos que le caen mal por cualquier cosa que digan/hagan/piensen/sientan, vamos por el simple hecho de existir. Muchas veces entrar al trapo no es cuestión de “qué se dice”, si no de “quién lo dice”.

    Y, curiosamente, esa misma gente luego no pierde ni una sola ocasión para pelotear/halagar cualquier cosa que digan/hagan/piensen/sientan los de su grupo, aunque sea algo del tipo “He visto pasar una mosca”.

    Lo preocupante es que a pesar de estar más informados que nunca, la falta de criterio brilla por su ausencia tanto en el bando de los vendehumos como en el de las lenguas viperinas.

    Aunque algunos hayan salido más escaldados que otros, es momento de volver a la cueva, lamerse las heridas y reflexionar sobre lo que hemos ganado y perdido en la batalla. Lo triste es que no todo el mundo está preparado para aceptar críticas y es muy difícil que la gente cambie su percepción sobre el resto así como así. Supongo que en algo también influye la edad, la experiencia que uno tenga, los palos que se haya llevado en todos los ámbitos de la vida, su nivel de humildad y la cantidad de acólitos que tenga.

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