sep 30, 2015 | Post by: Surrealitybytes 3 comentarios

El porqué

Me levanto a las 7, como cada mañana. Compruebo el correo, a ver qué se cuenta Australia. Me miras con cara de sueño y me despido de ti. Pobre. «Voy a dormirme otras dos horitas, hoy sí». Pero no, hoy no. Hoy tampoco. Tengo ese artículo que leí anoche clavado en la retina, un montón de ideas sublevadas dando golpes en el piso de arriba y una pega que ponerle al texto que traduje ayer. Me cuesta unos minutos, pero lo asumo. Que no, que hoy tampoco.

Hay que limpiar un poco la estantería del vocabulario. Retomo el libro de siempre y leo un rato. «Lo justo, lo que puedo», me digo. Pero no es verdad: siempre encuentro momentos para otras cosas. Nadie es perfecto, supongo.

Desayuno lo de cada mañana. Sé que a mediodía me espera un sándwich de pavo, brotes y mostaza, aunque intento convencerme de que hoy será distinto. Sacaré los cuchillos, rescataré las sartenes y prepararé esa pasta con verduras que me suele quedar tan buena. Quizás actualice el blog de una vez. Estoy casi segura… de que no va a pasar. Empiezo a preguntarme por qué me hago esto.

Me siento delante del ordenador: es como estar al lado de un señor muy mayor que intenta contarte una historia y ya apenas recuerda cómo arrancar. ¡Con la de batallas épicas que ha presenciado! Pasan 6 minutos. «Tengo que sentarme a limpiarte, formatearte y darte la jubilación que te mereces», pienso. Pero hoy no. Hoy tampoco.

Trabajo. Escribo. Invento. Imagino. Me distraigo. Recupero el hilo. Ese condenado juego tiene que desaparecer de mi escritorio: verlo por el rabillo del ojo me devuelve esa pregunta que me ronda la cabeza algunos días como hoy. Son ya las 3. «¿Por qué me hago esto?».

Sigo. Pregunto. No me entienden. ¿En serio? En fin. Madre mía. Bueno, ya me apaño. A eso sí que he aprendido con el tiempo. Oye, ¿tú qué crees? Tienes razón. No, ¡no me molesta! Lo importante no somos nosotras, es el texto. Tengo algo para hoy. Voy a revisarlo, no tardaré, en nada vuelvo.

Mierda. Son las 6. «¿Por qué me hago esto?». A nadie más le importa. Aquí estás, dándole vueltas a un simple correo. Menuda pringada. Qué gilipollas. Puf, ¿has visto eso? Fabada literal. Pero aquí estás tú, jugándotela por un puto verbo. No aprendes. ¿Qué gano? Solo pierdo. Dinero, tiempo, respeto… Por qué me haré esto…

Mañana lo cuento. Mañana lo explico. Mañana vuelvo. Sal de este bucle, idiota. ¡Lo importante es el texto!

Entras por la puerta y me saludas. Traes la cena. No contesto. Perdona, estaba concentrada. Sí, juega un rato, solo será un momento. Es verdad, es un poco tarde, ya lo dejo. «Pero ¿por qué me hago esto?».

Veo el capítulo distraída, aunque, créeme, en serio, me entero. Es solo que algo me tiene preocupada. No lo entiendo, no tiene sentido, ¿por qué me hago esto?

Me meto en la cama, cojo el móvil, busco algo y entonces lo veo. Ahora sí, qué tontería, creo que al fin lo recuerdo.

3 Comments to El porqué

  1. Santiago
    30 septiembre, 2015 12:55

    Qué grande eres.

  2. Javier Fernández
    1 octubre, 2015 9:26

    ¡Hola, Nieves!

    Con entradas así puedes permitirte el lujo de no volver a actualizar en otro año y medio. ;) No todos pueden decir lo mismo, así que enhorabuena. :)

    Un saludo.

    Javi

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