Sobre la autora

Me llamo Nieves Gamonal, tengo 29 años y soy un producto en fase de pruebas desarrollado en tierras madrileñas, más concretamente alrededor de la salida 17 de la carretera de Valencia, en una aldea gala llamada Rivas-Vaciamadrid. La salida la cogí, casualmente, a los 17, para dirigirme a Barcelona con tanta incertidumbre como ilusión. Aquí estudié Traducción e Interpretación en la Universitat Autònoma de Barcelona, donde también cursé el Máster en Traducción Audiovisual. Mis lenguas de especialidad son el inglés y, a un nivel mucho más modesto, el japonés, que me empujó a comenzar mi aventura en la ciudad más despierta que he pisado. No negaré que un chaval llamado Albert también tuvo algo que ver. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Lo mío es puramente vocacional. Hasta los diez años mi sueño siempre había sido ser bibliotecaria; ¡no podía haber nada mejor en el mundo que estar rodeado de libros gratis! Cada semana hacía trampas y sacaba más de los permitidos por persona, obligando a mi padre a ir conmigo cada viernes religiosamente para que los cogiera con su carnet. En cierto punto del camino leí Matilda, de Roald Dahl, y supe que había un sitio para mí en el mundo. Y entonces llegó el inglés. Algo en mi interior me decía que ese idioma tan extraño y desconocido no estaba hecho para mí. Unos cuantos capítulos de Muzzy después, desarrollé un especial gusto por la cata de parquímetros y acabé irremediablemente enamorada. Poco a poco, descubrí que si había algo más bonito que estar en compañía de los libros era abrirlos y compartirlos con cualquier persona, hablara el idioma que hablara.

Desde ese momento, todos mis esfuerzos los he dedicado a aumentar ese sueño por disfrutar y compartir lo disfrutado en todas las direcciones posibles. Acabé descubriendo que existe un terreno profesional explorable dedicado a otra de mis pasiones: la traducción audiovisual. Tanto el cine como los videojuegos son dos de mis grandes aficiones desde que tengo memoria (desde el Cinexin hasta el 3D, desde el Atari hasta la XBOX 360). Al acercarme al final de mis estudios, aspiraba a poder trabajar como localizadora algún día más bien cercano. Como lo pedí por favor en este blog, alguien debió de escucharme y me cayó del cielo —bueno, de la carpeta de spam, en realidad— una oportunidad increíble. Mi experiencia en la red se remonta a tiempos oscuros sin tarifas planas y con módems ruidosos. Hice mis pinitos en la blogosfera en 2004 y, aunque hasta ahora nunca me lo había tomado realmente en serio, he pasado por todas las plataformas habidas y por haber hasta acabar trabajando para una. Lo que son las cosas. Además, durante muchos años fui forera desvivida de Cajatonta.tv.

Siempre quise asegurarme de que el lenguaje era lo mío. Pasé la infancia probando cosas, aunque salieran mal: estuve en clases de dibujo hasta que me indigné porque mi profesor no me dejaba pintar una cabeza de Goku gigante, eché la hache en echar gracias a un taller de escritura, conté cuentos a niños más pequeños, demostré mi nula capacidad para generar música y, cuando fui un poco más mayor, hice a la gente dormirse en la radio. Entre los años 1997 y 2002 el consumo de cintas de casete aumentó un 500 % en mi casa: colaboraba en el programa de radio de mi hermano (Café Oriental) en Radio Rivas, hablando principalmente sobre literatura juvenil e infantil y novedades en videojuegos. También escribí «mi primer capítulo de un libro» —y de momento el último— junto a otros 4 compañeros de colegio en lo que terminó siendo El libro en las ondas, un recopilatorio de cuentos realizado por niños de entre 6 y 12 años de todo el municipio ripense. Luego me convertí en una típica adolescente angustiada e introvertida y me dediqué a aprender Photoshop, Dreamweaver e Illustrator para sobrevivir a la edad del pavo (la de los demás, principalmente) y a subtitular y traducir cualquier cosa que cayera en mis manos sin oficio ni beneficio.

Y aquí estoy ahora: haciendo a la gente dormirse con mis tochopost desde 1999.

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